Liberar como forma de disolver: una lectura dialéctica

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Desde una mirada dialéctica, puede decirse que liberar es, en cierto sentido, una forma de disolver. Toda realidad viva —un ser humano, una sociedad o una cultura— existe en tensión entre forma y libertad:

• La forma da estabilidad, identidad y continuidad.

• La libertad introduce movimiento, cambio y posibilidad.

En la dialéctica hegeliana, el espíritu humano avanza negando sus límites anteriores, pero esa negación solo se consuma cuando produce una síntesis superior. Si el proceso de liberación se detiene en la mera negación, en la ruptura sin reconstrucción, la liberación se vuelve pura disolución.

La modernidad entendió la liberación como afirmación: emanciparse era conquistar la razón, la dignidad o la justicia. Pero la posmodernidad absolutizó el gesto liberador: ya no se libera para algo, sino de todo. Liberarse de la tradición, de la naturaleza, del género, de la moral, de la verdad, incluso del propio yo, conduce a un estado en el que la identidad se disuelve y el sentido se desvanece.

Como anticipó Nietzsche, la “muerte de Dios” no significaba una liberación sin consecuencias, sino el riesgo de que, al caer los valores supremos, el hombre mismo se desintegre. Cuando no hay nada superior que oriente, la libertad se vuelve vértigo. Desde este punto de vista, la liberación posmoderna ha alcanzado su fase negativa: el individuo, liberado de toda forma, ya no sabe quién es ni hacia dónde ir.

La dialéctica inconclusa de la modernidad

Si la modernidad fue la tesis del progreso y la razón, y la posmodernidad la antítesis del desencanto y la disolución, falta aún la síntesis: una nueva forma de libertad que no niegue la trascendencia, sino que la reinterprete. El hombre necesita liberarse, sí, pero no para quedarse sin forma: debe hacerlo para recrear una forma más alta, más consciente y espiritual.

En términos hegelianos, la verdadera libertad no consiste en destruir lo que nos limita, sino en reconciliarnos con la necesidad, comprendiendo que toda forma, si es justa, es condición de posibilidad para el espíritu. La madurez cultural no llega cuando ya nada nos ata, sino cuando sabemos a qué queremos estar atados.

Hacia una nueva síntesis espiritual

El desafío de nuestro tiempo no es seguir deconstruyendo, sino reconstruir el sentido. No basta con liberar al hombre de las viejas cadenas si no se le ofrece un nuevo horizonte hacia el cual orientar su libertad. Sin trascendencia, la libertad se agota en sí misma.

Recuperar el sentido exige una revolución interior: volver a mirar hacia lo alto, hacia lo simbólico, hacia aquello que nos trasciende y nos unifica. Solo así el individuo podrá reconciliar libertad y forma, alma y cuerpo, materia y espíritu.

Quizás la verdadera rebeldía contemporánea no consista en ser más “libre” en el sentido líquido del término, sino en atreverse a tener forma: a creer en algo, a pertenecer, a construir, a sostener una identidad y un destino.

Porque liberar sin crear es disolver; pero liberar para volver a dar forma —esa es la tarea dialéctica y espiritual del hombre que busca redimir el sentido en medio del caos.

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Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.

Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.