Racionalismo, mercado y falsa espiritualidad

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La globalización, el liberalismo, el multiculturalismo, la posmodernidad y el auge del New Age no son fenómenos aislados, sino expresiones convergentes de una misma matriz cultural. El New Age, lejos de ser una alternativa al racionalismo moderno, solo puede comprenderse plenamente dentro del marco que ese mismo racionalismo ilustrado, científico y materialista ha construido. No lo contradice: lo complementa.

La modernidad, al vaciar a las sociedades de toda espiritualidad tradicional y trascendente, no elimina la inquietud espiritual del ser humano. La desplaza. Allí donde el ateísmo cientificista y el materialismo racional niegan toda dimensión superior del sentido de la vida, surge la necesidad de ofrecer sucedáneos espirituales que no pongan en cuestión el orden económico, político y cultural dominante.

El New Age cumple precisamente esa función. Es la vía espiritual que la razón ilustrada y el mercado permiten a las sociedades posmodernas para canalizar sus inquietudes interiores sin riesgo alguno para el sistema. No exige disciplina interior real, no plantea una transformación profunda del ser, no implica ruptura con el mundo moderno ni cuestionamiento de sus valores fundamentales. Por el contrario, es plenamente compatible con el consumo, el individualismo y la lógica del rendimiento.

Se trata, por ello, de una pseudoespiritualidad inofensiva, diseñada para satisfacer necesidades emocionales sin abrir el acceso a una verdadera trascendencia. Su espiritualidad es esencialmente inmanente: gira en torno al bienestar personal, la autoafirmación del ego, la prosperidad material y la armonía entendida como comodidad psicológica. No apunta hacia lo superior, sino hacia una gestión subjetiva del malestar moderno.

En este sentido, el New Age representa una espiritualidad degradada, fragmentaria y desprovista de principio metafísico. Puede describirse como una espiritualidad “lunar” en su sentido más bajo: pasiva, cambiante, emotiva y dependiente del estado anímico, no como complemento equilibrado de un principio superior, sino como sustituto de toda verdadera verticalidad espiritual.

A diferencia de las tradiciones espirituales auténticas —que exigen ascesis, jerarquía interior, sacrificio y orientación hacia lo trascendente— el New Age propone una espiritualidad sin exigencia, sin verdad y sin transformación real. Su función no es liberar al ser humano, sino impedir que acceda a una espiritualidad que sí podría cuestionar radicalmente los fundamentos de la modernidad capitalista.

Así, lejos de ser una ruptura con el sistema, el New Age es uno de sus productos más sofisticados: una espiritualidad compatible con el mercado, funcional al individualismo y perfectamente integrada en la lógica globalizada del mundo contemporáneo.

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Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.

Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.