¿Europa reconoce su derrota?

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En el debate sobre la guerra en Ucrania, las recientes declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz ponen de manifiesto una contradicción profunda en la política exterior europea que revela con toda claridad un giro estratégico motivado por presiones geopolíticas, agotamiento político y realidades económicas que Europa ya no puede soslayar.

Durante 2025, Merz y otros líderes europeos defendieron de manera abierta el apoyo militar a Ucrania incluyendo la entrega de armas de largo alcance y la eliminación de restricciones para que estas puedan ser utilizadas incluso contra objetivos militares dentro del territorio ruso, una posición que marca una escalada significativa del conflicto al permitir que Kiev ataque “retaguardias” rusas con armamento occidental. Esto se justificó como una “defensa legítima contra la agresión rusa” y como una forma de sostener la resistencia ucraniana frente a la operación militar rusa iniciada en 2022.

Simultáneamente, Merz afirmó públicamente que Europa “no puede sustituir” a Estados Unidos para lograr la paz en Ucrania, reconociendo de manera explícita la dependencia estructural de la Unión Europea del poder político, militar y estratégico estadounidense. Con ello, admite de facto que la UE carece de autonomía real para garantizar por sí misma la paz y la seguridad en su propio entorno geopolítico. Esta confesión resulta aún más reveladora en el contexto actual, cuando Estados Unidos entra en abierta contradicción con sus socios europeos, evidenciada, entre otros factores, por el conflicto en torno a Groenlandia, dejando a Europa atrapada entre una guerra que no puede ganar y un aliado que ya no actúa como garante incondicional de sus intereses.

Este doble enfoque, por un lado, promover la entrega de armas y la escalada del conflicto, y por el otro, admitir la incapacidad europea para liderar la paz sin Washington, no es simplemente una estrategia diplomática pragmática. Es la evidencia de que Europa ha estado utilizando a Ucrania como un instrumento de contención contra Rusia, sin poder transformar ese respaldo en una solución que detenga la guerra o que beneficie a los intereses europeos a largo plazo.

Lo que resulta aún más revelador es las recientes declaraciones de este 15 de enero de 2026 de Merz de que “Rusia es un país europeo y que hay que buscar un compromiso y equilibrio con Moscú si Europa quiere asegurar su futuro más allá de 2026”. Este cambio retórico, de describir a Rusia como la fuente de una amenaza existencial a reconocerlo como parte de Europa con el que se debe encontrar entendimiento, refleja no un giro moral sino una respuesta a dificultades prácticas y a la realidad de un conflicto que no ha concluido a favor de los intereses occidentales.

Durante más de cuatro años, miles de ucranianos y rusos han muerto o resultado heridos, mientras la guerra continuaba sin un desenlace claro. Desde años antes de 2022, las advertencias de Putin sobre las consecuencias de la expansión de la OTAN y la confrontación en Ucrania fueron recibidas con sanciones y presión diplomática en lugar de negociación. Ahora, cuando la economía europea se resiente por el costo del conflicto, la dependencia energética y las tensiones con su propio aliado, Estados Unidos, las mismas élites europeas que empujaron la escalada bélica proponen una “comunicación pragmática” con Moscú.

Este giro no revela un simple doble rasero estratégico, sino una derrota estratégica clara, disimulada bajo un cambio oportunista del lenguaje diplomático. Lo que ayer se presentó como una confrontación ineludible y moralmente necesaria contra Rusia, hoy se redefine de manera apresurada como la urgencia de buscar entendimientos y compromisos, no por convicción ni por una revisión honesta de los errores cometidos, sino por agotamiento político, incapacidad material y una pérdida evidente de margen geopolítico.

La contradicción resulta evidente:

  • En el discurso dominante de 2025 y desde el inicio del conflicto, la política europea estaba orientada a derrotar o debilitar a Rusia mediante el apoyo militar sostenido a Ucrania, así como los paquetes de sanciones impuestos a Moscú.
  • En 2026, ese mismo liderazgo admite que una paz duradera requiere diálogo político con Rusia, reconociendo implícitamente su condición de potencia continental ineludible.

Este contraste no es menor. Europa y sus élites políticas han usado a Ucrania como frente proxy contra Rusia, confiando en que el conflicto dañaría suficientemente al Kremlin para redefinir el orden europeo. La incapacidad para lograr una paz negociada, la dependencia de Estados Unidos y los costos internos crecientes hacen que ahora se plantee la necesidad de relanzar canales con Moscú como si ello fuera un acto de realismo tardío.

La pregunta que inevitablemente surge es: ¿Qué pensarán los propios ciudadanos europeos y los ucranianos, de sus dirigentes que promovieron una guerra prolongada con cientos de miles de víctimas, solo para luego admitir que la paz exige negociación con la parte que estaba definida como el “agresor”? La percepción pública puede fácilmente interpretarlo como una derrota estratégica europea y una tomada de pelo por parte de sus propios dirigentes, no solo militar o geopolítica, sino moral y conceptual en su forma de entender la seguridad, la soberanía y la autonomía frente a los grandes poderes y nuevas realidades globales.

En la práctica, esta evolución de discurso confirma que Rusia no ha sido debilitada de forma decisiva, sino que se ha fortalecido en otros espacios geopolíticos, en Asia y en el Sur Global, donde las alianzas y el posicionamiento multipolar le ofrecen alternativas estratégicas. Europa, por su parte, parece haber reconocido, reacción tardía y bajo presión, que la confrontación aislada no solo no resolvió el conflicto, sino que expuso las limitaciones estructurales de la UE como actor geopolítico autónomo.

De este modo, la propia realidad termina dándole la razón a Rusia. Las recientes declaraciones de Merz no constituyen un simple ajuste retórico ni un gesto aislado de pragmatismo diplomático, sino la admisión implícita de que la estrategia europea ha fracasado en alcanzar los objetivos que durante estos años proclamó con firmeza. La llamada ahora a una “paz sostenible” pasa necesariamente por reconocer y negociar con Rusia en un marco más amplio, aunque ello suponga asumir contradicciones, incoherencias y costos políticos que antes se negaban sistemáticamente. La pregunta de fondo, que ya no puede eludirse, es clara: ¿Europa reconoce su derrota con este cambio de postura?

[1]: https://www.rtve.es/noticias/20250527/merz-defiende-derecho-ucrania-atacar-territorio-ruso-con-armas-alemanas/16598439.shtml

[2]: https://www.swissinfo.ch/spa/merz-dice-que-europa-%22no-puede-sustituir%22-a-eeuu-para-lograr-la-paz-en-ucrania/89280624

[3]: https://rumble.com/v74d3fc-merz-rusia-es-un-estado-europeo-y-debemos-encontrar-un-compromiso.html?e9s=src_v1_ucp_v

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Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.

Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.